Paternidad y Homosexualidad: ¿Qué dicen las investigaciones?

Friday, October 8, 2010


¿Deben otorgarse a los homosexuales los mismos derechos de paternidad de los que gozan los heterosexuales? Esta es una de las preguntas más intensamente debatidas en los últimos años. La discusión enfrenta uno de los derechos más valorados por los seres humanos (ser padres) con uno de los deberes más importantes de la sociedad (brindar a los niños un ambiente de crianza adecuado). El debate se complica aún más si tomamos en cuenta que si bien la homosexualidad es cada vez más aceptada por las sociedades, los estados y la comunidad científica, todavía provoca respuestas intensamente negativas en algunos grupos y localidades. El ensayo que preparamos intenta resolver esta duda con otra pregunta: ¿Qué dicen las investigaciones? Para responderla se revisó el trabajo realizado por Stacey & Biblarz en el 2001 (en donde se analiza la metodología, resultados y significancia estadística de 21 investigaciones sobre paternidad homosexual), 8 estudios adicionales, dos manuales de diagnóstico (DSM-IV y el ICD-10) y un pronunciamiento oficial de la  American Psychological Association sobre el tema. Las conclusiones a las que llegamos fueron las siguientes:

1. La mayoría de las investigaciones no han encontrado diferencias significativas entre los padres heterosexuales y homosexuales o entre los niños criados por ambos tipos de parejas:

Esta es la conclusión a la que llegan Stacey y Biblarz (2001). Por su parte Portugal y Araúxo (2004), luego de realizar una investigación y analizar diversas opiniones y textos al respecto afirman que no es perjudicial para un menor ser adoptado por una pareja homosexual. Tampoco se ha encontrado evidencia de diferencias respecto a los problemas que presentan los niños de parejas heterosexuales y homosexuales (Ortiz, 2006). Otros estudios encuentran a los padres gays o lesbianas tan competentes y efectivos como los padres heterosexuales (Stacey & Biblarz, 2001).

Una investigación encontró que los hijos de padres homosexuales tenían una mayor probabilidad de tener una orientación sexual gay, aunque estos resultados se encuentran en el límite de lo estadísticamente significativo (Bailey, 1995; citado por Stacey & Biblarz, 2001). Este tipo de resultados (como veremos más adelante) parecen responder, más que a una relación causa-efecto entre paternidad homosexual e identidad homosexual, a estilos de paternidad que permiten a los hijos reconocer y experimentar su identidad sexual con más libertad.

Foto: SFBart
2. Las pocas diferencias encontradas o bien no son negativas o bien favorecen a los homosexuales:

Tanto las investigaciones analizadas por Stacey y Biblarz como las revisadas por nosotros señalan la existencia de algunas diferencias a nivel de padres e hijos. Sin embargo en ninguno de los estudios serios se hace referencia a efectos potencialmente dañinos de la paternidad homosexual. Más bien ocurre lo contrario: Los resultados indican la presencia diferencias inocuas por un lado y claramente positivas por el otro.

2.1. Diferencias en los padres:

En un estudio realizado por Fulcher y sus colegas, se encontró que la distribución del tiempo dedicado al trabajo o al cuidado de los hijos fue más equitativa entre los miembros de parejas lesbianas, que entre los miembros de parejas heterosexuales. En estas últimas se observó que los padres dedicaban más tiempo a trabajos remunerados mientras que las madres pasaban más tiempo al cuidado de los hijos (Fulcher & cols, 2008). Además las madres lesbianas mostraron actitudes más liberales respecto al género de sus hijos (Fulcher & cols, 2008), menos actitudes conservadoras respecto a las conductas de género de los mismos y una menor tendencia a crear entornos físicos estereotipados en relación con el género (Sutfin & cols, 2007). Mientras que las madres solteras heterosexuales mostraron una mayor probabilidad de preferir que sus hijos participaran en actividades masculinas y sus hijas en femeninas, las madres lesbianas no mostraron estos intereses (Hoeffer, 1981; citado por Stacey & Biblarz, 2001). Estas investigaciones parecen sugerir que los padres homosexuales suelen brindar a sus hijos entornos en donde no necesariamente se presentan estímulos congruentes con los roles tradicionales de género, ni se premia o castiga las congruencias o incongruencias con estos.

En lo que respecta a padres y madres por donación de esperma, las madres lesbianas obtuvieron un mayor puntaje en lo que respecta a habilidades y prácticas parentales así como en calidad de interacciones con los niños (Flaks, 1995; Brewaeys, 1997; citados por Stacey & Biblarz, 2001). Además dedicaban más tiempo a actividades de crianza relacionadas con la disciplina, control y actividades destinadas a definir límites (Brewaeys, 1997; citado por Stacey & Biblarz, 2001). Finalmente, las madres lesbianas muestran niveles más altos de recursos psicológicos positivos (Stacey & Biblarz, 2001). En otras palabras, si existe alguna diferencia, estas terminan por favorecer a los padres homosexuales.

2.2. Diferencias en los hijos:


Un estudio realizado por Bos y Sandfort (2010) encontró que, en las familias lesbianas, los niños sintieron una menor presión parental hacia la conformidad con los estereotipos de género y fueron menos propensos a experimentar su propio género como superior. En otro trabajo se observó que los niños de padres heterosexuales consideraban más serias las transgresiones de género en los chicos que en las chicas, mientras que los niños de madres lesbianas las consideraban igualmente serias (Fulcher & cols, 2008). Además las hijas de madres lesbianas muestran un mayor interés por actividades asociadas con cualidades tanto masculinas como femeninas y que involucran la participación de ambos sexos (Hotvetds & Mandel, 1982; citados por Stacey & Biblarz, 2001). Stacey y Biblarz hacen referencia a una investigación realizada por Green. Esta encontró que, con más frecuencia, las madres lesbianas reportaron que sus hijos (especialmente sus hijas) se visten, juegan y se comportan de maneras no conformes con las normas culturales referentes a los tipos sexuales, ocurriendo algo similar con sus aspiraciones ocupacionales (Green, 1986; citado por Stacey & Biblarz, 2001). Sin embargo los autores mencionados señalan que los resultados obtenidos por el estudio de Green son mixtos. De estas investigaciones podemos inferir que los hijos de padres homosexuales parecen estar menos sujetos a la influencia y limitaciones de los roles tradicionales de género. En otras palabras, los niños se sienten con más libertad de explorar posibilidades y conductas no tradicionalmente relacionadas con su género.

Por otro lado una investigación encontró que los adultos jóvenes criados por madres lesbianas reportaron una mayor tendencia a pensar sobre la posibilidad de experimentar una atracción o relación homo-erótica. De la misma manera 64% de los jóvenes adultos criados por lesbianas  reportaron haber considerado relaciones del mismo sexo, comparados con solo 17% de aquellos criados por madres heterosexuales. Por otro lado  24% de los adultos criados por madres lesbianas reportaron haber tenido al menos una relación homo-erótica, mientras que esto no ocurrió con ninguno de los adultos criados por padres heterosexuales (Tasker & Golombok, 1997; citados por Stacey & Biblarz, 2001). Otro estudio encontró que los niños de familias lesbianas tenían una mayor incertidumbre respecto a la posibilidad de tener relaciones románticas heterosexuales (Bos & Sandfort, 2010). Podríamos afirmar entonces que los hijos de padres homosexuales tienden con más frecuencia a pensar en relaciones homo-eróticas, considerarlas o incluso experimentarlas (aunque los resultados podrían estar mostrando solo una mayor tendencia a admitirlo). Esto no necesariamente significa que la paternidad homosexual produzca hijos homosexuales. Más bien sugiere que los hijos de padres homosexuales están más abiertos a pensamientos y relaciones homo-eróticas, al margen de que estas sean representativas o no de sus preferencias. Ahora, partiendo de entender a la identidad sexual como un continuo y no como una lista de categorías excluyentes entre sí, podemos afirmar que esta apertura es beneficiosa, pues evitaría que los individuos heterosexuales se sientan mal consigo mismos por tener en algún momento este tipo de pensamientos o deseos, y por otro lado permitiría los homosexuales y bisexuales aceptar con más facilidad sus deseos homo-eróticos y expresarlos en sus relaciones.

Las investigaciones además apuntan a que no existen diferencias significativas entre hijos de madres lesbianas e hijos de madres heterosexuales en lo que respecta a ansiedad, depresión, autoestima y otras medidas de ajuste psicológico y social; y las pocas diferencias encontradas tienden a favorecer a los hijos de madres lesbianas (Stacey & Biblarz, 2001). Además, los hijos de madres lesbianas afirmaron sentirse más capaces de discutir con sus madres sobre su desarrollo sexual (Tasker & Golombok, 1997; citados por Stacey & Biblarz, 2001).

3. Las investigaciones que encuentran efectos negativos son sesgadas, muestran una metodología poco confiable y fueron realizadas por individuos que poseen fuertes creencias anti-gay:

Encontramos tres investigaciones que consideran que la paternidad homosexual puede tener efectos negativos sobre los hijos. Estos trabajos (dirigidos por Paul Cameron) afirman que: La homosexualidad se “contagia” al tener relaciones sexuales con otros homosexuales, que los profesores homosexuales tienen una mayor probabilidad de tener relaciones con sus alumnos (Cameron & Cameron, 1996a), que los homosexuales tienden a vivir menos, que la homosexualidad está relacionada con la pedofilia (Cameron & Cameron, 1996b), y que los hijos de padres homosexuales tienen una mayor probabilidad de ser homosexuales (Cameron & Cameron, 1996b; Cameron, 2005). Al respecto se pueden hacer las siguientes críticas:

-  Estos trabajos parten de asumir que la homosexualidad es una enfermedad. 
   Esta concepción ya no es admitida en la Clasificación de Desordenes Mentales 
   y Conductuales (ICD-10) de la Organización Mundial de la Salud (World Health 
   Organization), en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos 
   Mentales (DSM-IV) de la American Psychiatric Association (American Psychiatric 
   Association, 1994) y es rechazada por la American Psychological Association 
   (Conger, 1975; citado por Paige, 2005).

-  Cameron asume que la homosexualidad es algo malo. De ahí que interprete a 
   todo resultado que sugiera una relación entre paternidad homosexual e hijos 
   homosexuales como evidencia de los efectos negativos de la paternidad 
   homosexual. Este es un argumento tautológico (Stacey & Biblarz, 2001).

-  Estas investigaciones se enfocan en variables como las relaciones sexuales 
   de los entrevistados con sus profesores de secundaria (e.g. Cameron & 
   Cameron, 1996a), sus padres u otros parientes (e.g. Cameron & Cameron, 
   1996b). En otras palabras el autor considera que existen indicios 
   suficientes de relación entre la homosexualidad, los abusos sexuales y 
   el incesto como para ameritar una investigación al respecto. Aún si Cameron 
   argumentará que sus hipótesis de investigación le fueron sugeridas por la
   literatura que revisó y no por sus prejuicios, esto no explica porque el resto 
   de autores que encontramos no otorgó la misma importancia a las referidas 
   variables.

-  Para la investigación que realizó en el 2005 Cameron afirma haber analizado 
   las entrevistas a homosexuales contenidas en tres libros. Uno de los 
   autores de estos sin embargo afirmó que, con el objetivo de dar una 
   perspectiva balanceada, buscó que al menos 50% de los entrevistados 
   sean gays (Anónimo, 2006). Esto afecta la representatividad de la muestra 
   usada por Cameron.

Adicionalmente consideramos pertinente hablar sobre la parcialidad y el prestigio de este investigador. Además de psicólogo Paul Cameron es un activista anti-gay y director del Family Research Institute; una organización desde la cual se dirigen investigaciones destinadas a apoyar la posición anti-gay y favorecer los intentos para adecuar la legislación norteamericana  a esta perspectiva. Cameron además fue expulsado por la Amercian Psychological Association y denunciado por la American Sociological Association por voluntariamente hacer referencias engañosas en sus investigaciones (Cantor, 1994, Herek, 1998; citados por Stacey & Biblarz, 2001).

Alguien podría señalar que estamos utilizando un argumento “Ad Hominem” contra las afirmaciones de Cameron (falacia en donde se resalta una característica del individuo para desacreditar la posición que defiende). Al respecto quisiéramos hacer las siguientes aclaraciones: Lo que pretendemos sostener aquí es que el sesgo y los errores de procedimiento que encontramos en los estudios de Cameron contrastan con la imparcialidad, rigurosidad metodológica y aceptación general con la que cuentan el resto de investigaciones. Creemos que un estudio serio debe (además de seguir exhaustivamente las pautas del método científico) verificar que sus fuentes cumplan con estos requisitos. Por otro lado hemos hecho referencia a las creencias y el comportamiento del mencionado autor. Esto con el propósito de ofrecer una posible explicación al poco rigor científico que encontramos en sus trabajos. Sin embargo, si bien tener una postura a favor o en contra puede aumentar la probabilidad de que se incurra en sesgos, no implica necesariamente que esto vaya a ocurrir.

Conclusiones:

¿Qué dicen las investigaciones?

La mayoría de las investigaciones no han encontrado diferencias significativas entre los padres heterosexuales y homosexuales o entre los niños criados por ambos tipos de parejas.  Las pocas diferencias encontradas hacen referencia o bien a características inocuas o bien positivas tanto en los padres como en los hijos. La principal diferencia radicaría en que los padres homosexuales tienden a proveer a sus hijos de un hogar en donde las características físicas del entorno y la conducta de los padres no favorecen necesariamente los roles de género tradicionales, ni castigan los pensamientos, deseos o relaciones homo-eróticas. Desde el punto de vista psicológico estas características pueden ser beneficiosas en tanto reduce la probabilidad de que los niños heterosexuales desarrollen prejuicios o actitudes negativas hacia los roles de género o preferencias sexuales no tradicionales. Al mismo tiempo permite a los niños no-heterosexuales crecer en un entorno en donde se les respeta y acoge tal y como son.

¿Qué implicancias tienen los resultados en el ámbito legal?

Los resultados de las investigaciones apuntan a que los padres homosexuales son tan buenos o incluso mejores que los padres heterosexuales. Es posible que en los próximos meses y años se realicen estudios adicionales que enriquezcan el conocimiento científico sobre el tema. Sin embargo creemos que ya se cuenta con suficiente información como para tomar una decisión en el ámbito legal: Otorgar a los homosexuales los mismos derechos de paternidad de los que gozan los heterosexuales. Ahora antes de aprobar una nueva ley los legisladores suelen equilibrar dos factores: Por un lado la opinión de los expertos y por otro la opinión del público en general. Favorecer a una u otra posición tiene sus desventajas. Aprobar una ley técnicamente perfecta pero sin apoyo del público puede restarle legitimidad. Hacer lo contrario podría llevar a implementar una ley poco útil o incluso inconveniente. En lo que respecta a la aprobación de leyes que respalden el derecho a la paternidad de los homosexuales creemos que pueden presentarse dos escenarios posibles. En el primero las investigaciones científicas y el creciente apoyo del público llevará a que se apruebe esta ley. En el segundo, a pesar de los resultados científicos, las actitudes negativas hacia la homosexualidad impedirán su aprobación. De darse lo último no solo se estaría restringiendo un derecho legítimo, afectando el bienestar de las personas. También se estaría reforzando los prejuicios y actitudes negativas hacia los homosexuales entre la población. En otras palabras se estarían sentando las bases para futuros actos de discriminación y agresión; hechos que deben ser rechazados tanto por los ciudadanos como por los gobernantes de cualquier país.

Bibliografía:

American Psychiatric Association. (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed.). Washington, D.C.

Anónimo. (2006). Discredited antigay psychologist Paul Cameron publishes again. En: Advocate.com. Obtenido de: http://www.advocate.com/printArticle.aspx?id=36098

Bos, H. & Sandfort, T. (2010). Childrens Gender Identity in Lesbian and Heterosexual Two-Parent Families. En: Sex Roles. New York: Enero 2010. Vol. 62, Numero 1-2; pg. 114.

Cameron, P. & Cameron, K. (1996a). Do homosexual teachers pose a risk to pupils? En: The Journal of Psychology. Noviembre 1996. 130, 6. Pg. 603.

Cameron, P. & Cameron, K. (1996b). Homosexual parents. En: Adolescence; Invierno de 1996; 31, 124.

Cameron, P. (2005). Children of Homosexuals and Transsexuals More Apt to be Homosexual. En: Journal of Biosocial Science. 2006. 48, 413-418. Cambridge University Press.

Fulcher, M., Sutfin, E. & Patterson, C. (2008). Individual Differences in Gender Development: Associations with Parental Sexual Orientation, Attitudes, and Division of Labor. En: Sex Roles. 2008. 58: 330-341.

Ortiz, M. A., Del Barrio, M. V. (2006). Consecuencias psicológicas en los niños debidas a una educación homopariental (i.e. homoparental): Una revisión. En: Revista de Psicología General y Aplicada. 2006. Vol. 59 (1-2). Enero-Junio. Pag. 183-197.

Paige, R. U. (2005). Proceedings of the American Psychological Association, Incorporated, for the legislative year 2004. Minutes of the meeting of the Council of Representatives July 28 & 30, 2004, Honolulu, HI. Obtenido el 2 de Octubre del 2004 de: http://www.apa.org/governance/. (A publicarse en el volumen 60, numero 5 de American Psychologist).

Portugal, R. & Araúxo, A. (2004). Aportaciones desde la salud mental a la teoría de la adopción por parejas homosexuales. En: Revista de Terapia Sexual y de Pareja. 2004. Vol. 20. Diciembre. Pag. 27-47.

Stacey, J. & Biblarz. T. J. (2001). (How) does the sexual orientation of parents matter? En: American Sociological Review, 66(2), 159-183.

Sutfin, E., Flucher, M., Bowles, R. & Patterson, C. (2007). How Lesbian and Heterosexual Parents Convey Attitudes about Gender to their Children: The Role of Gendered Environments. En: Sex Roles. 2008. 58:501-513.

World Health Organization. The ICD-10 Classification of Mental and Behavioural Disorders: Clinical descriptions and diagnostic guidelines.

Encuentro Psicológico: Una prometedora propuesta de los estudiantes de la Católica.

Thursday, September 23, 2010


Aunque los estudios universitarios pueden ser muy estimulantes, con frecuencia nos demandan tanto esfuerzo y tiempo que es difícil dedicarnos a otros proyectos. Este, felizmente, no es el caso del grupo de estudiantes de psicología de la Pucp que forman la Asociación Encuentro Psicológico.  Ellos no han esperado a graduarse para hacer su contribución a la psicología. Más bien se han organizado y concentran sus esfuerzos en la difusión del conocimiento psicológico a través de la nada fácil tarea de organizar y promover eventos académicos. Aunque ya han realizado diversas charlas, uno de sus proyectos más importantes ha sido  el I Ciclo multidisciplinario de Conferencias sobre sexualidad: "Sexualidad: Bienestar y Derechos Humanos". Esta actividad (realizada entre el 25 y el 27 de Agosto), tuvo como objetivo exponer distintos aspectos relacionados con la sexualidad en el Perú y contó con la participación de importantes exponentes de la medicina, psicología, antropología, e incluso derecho.

Además, como un medio para comunicar sus actividades, la Asociación Encuentro Psicológico ha creado un blog en el que se podrán encontrar, entre otras cosas, entrevistas a profesores de psicología y reseñas a otros blogs. Consideramos que esta iniciativa contribuirá definitivamente a elevar la calidad del debate en nuestro medio así como a hacer más accesible la teoría psicológica al público en general. Si les interesa saber más sobre este proyecto puedes visitar su blog haciendo click en aquí
 


Transporte público en Lima: ¿Podemos cambiar la conducta de los choferes?

Sunday, September 19, 2010


La vida en las ciudades plantea múltiples desafíos. A diario estudiantes y trabajadores se ven obligados a recorrer grandes distancias y cumplir con horarios estrictos. De ahí la importancia de contar con un servicio de transporte rápido y seguro. En la ciudad de Lima, sin embargo, no se cumple con ninguno de estos requisitos. Además de un pésimo trato los choferes de transporte público ofrecen un servicio poco eficiente e incluso peligroso. Quienes hemos usado este servicio nos llenamos de calificativos pero también de interrogantes. ¿Por qué se comportan de esta manera? ¿Puede hacerse algo al respecto? Investigaciones recientes podrían ayudarnos a responder estas preguntas.

Foto: Steven Damron
Una trabajo realizado sobre choferes de la línea S encontró que las estresantes condiciones en las que trabajan, la discriminación a la que son sometidos y las agresiones que reciben provocan en ellos una conducta agresiva. El trabajo también describe algunos aspectos positivos de la personalidad de los choferes. Por ejemplo, si bien en ocasiones pueden comportarse de manera irresponsable con respecto a las normas de transito, los convivientes y casados son muy responsables respecto a sus obligaciones familiares. Además,  frente a las muestras de respeto y amabilidad, pueden responder de la misma manera (Yamamoto, citado por Couillaud, 2010).

Otra investigación nos permite entender un poco mejor las causas de este problema. Así, tenemos que los choferes que tienen problemas de visión; que son solteros, divorciados, convivientes o tienen problemas familiares; que solo tienen educación secundaria, que manejan vehículos propios o alquilados y para quienes la conducción no es su principal ocupación suelen mostrar un estilo de conducción caracterizado por una deficiente percepción del riesgo, impaciencia, impulsividad, agresividad, una falta de respeto por los usuarios y las reglas de tránsito y reacciones desproporcionadas de cólera. Por otro lado, la buena salud, el estar casados, tener educación superior y trabajar para una empresa se relaciona con una tendencia a percibir el riesgo de manera adecuada, aceptar niveles normales de riesgo y un buen control sobre su conducta así como una conducción más precavida y responsable. También se observó que, a mayor tiempo en la conducción y mayor edad, mejor es el estilo de comportamiento en contextos de tráfico (Ponce & cols, 2006).

Discusión:

Algunos de los factores asociados con un estilo de manejo negativo parecen relacionarse con el estrés (como es el caso de las enfermedades, los divorcios y los problemas familiares). Otros, como el ser sometidos a discriminación y agresión, hacen referencia a un factor ambiental provocado por una imagen estereotipada de los choferes entre la población. Por otro lado si un chofer tiene a la conducción como su ocupación principal y/o trabaja para una empresa, un estilo de manejo cuidadoso le permitirá proteger su principal fuente de ingresos. Los efectos positivos de la edad o el tiempo de manejo no son difíciles de explicar. A mayor edad o experiencia mejores serán los mecanismos de adaptación de los choferes.

En lo que respecta al nivel educativo la discusión se hace más compleja. Nuestra intuición nos sugiere que la educación tiene un efecto positivo sobre la conducta. Los resultados señalan sin embargo que, en el caso del transporte, este efecto será más claro en los individuos que siguieron estudios superiores. ¿Qué aspecto de la educación superior explica sus efectos sobre los choferes? ¿Qué rol juega el desarrollo? Consideramos que para resolver estas preguntas son necesarias investigaciones adicionales.

Conclusiones y Recomendaciones:

Los resultados de las investigaciones parecen señalar que tanto la educación como el entorno de trabajo tienen efectos importantes sobre la conducta de los choferes. Sin embargo, antes de proponer cambios estructurales, consideramos oportuno revisar algunas medidas específicas que podrían resultar útiles:

-    Dar prioridad a los choferes con estudios superiores, de mayor edad y con más
     experiencia en los procesos de selección de personal.
-    Reorganizar las empresas de transporte de tal manera que el chofer tenga que
     responder ante esta por su comportamiento y el estado de su vehículo.
-    Crear las condiciones para que un trabajo en el área de transporte público pueda
     constituir la principal fuente de ingresos de un chofer.
-    Proveer servicios de salud y terapia familiar a los choferes.
-    Reducir los estereotipos negativos que tiene la población respecto los choferes.

Aplicar estas medidas podría tener resultados interesantes. Sin embargo debemos tomar en cuenta que una solución a largo plazo pasa por diseñar investigaciones adicionales, proponer un plan gradual de reorganización del transporte público (enfocado en la mejora de las condiciones de trabajo de los choferes) y un control sobre los resultados.  Un transporte público eficiente y seguro no es un objetivo inalcanzable, pero si el resultado de un proceso largo que requiere el compromiso tanto de científicos como de empresarios y políticos.

Bibliografía:

Couillaud, Florence. (2010). Cultura Combi. En: Revista Punto Edu. Año 6. No 187. Agosto/Septiembre 2010. Pontificia Universidad Católica del Perú.

Ponce, Carlos; Bulnes, Mario; Aliaga, Jaime; Delgado, Eliana & Solís, Ronaldo. (2006). Estudio Psicológico sobre los Patrones de Conducta en Contextos de Tráfico, en Grupos de Automovilistas Particulares y Profesionales de Lima Metropolitana. En: Revista IIPSI. Vol. 9. No. 2. 2006. Pp. 33-64.

Tres formas de prevenir el crimen.

Sunday, September 12, 2010


Uno de los problemas de vivir en una gran ciudad es la sensación de inseguridad. Y no es necesario haber sido víctima o testigo de un asalto. Es suficiente con observar los noticieros cada mañana. Las constantes noticias sobre secuestros y asesinatos nos hacen pensar dos veces antes de salir de casa. Al miedo individual sigue la indignación colectiva y, finalmente, las propuestas de los políticos. Las soluciones que escuchamos son usualmente improvisadas, pocas veces aplicadas y casi nunca efectivas. ¿Es posible reducir la violencia criminal? Una respuesta podría ser la prevención.
Existen tres niveles de prevención (Leavell & Clark, 1976; citado por Veras, 2009), cada uno con objetivos específicos:

a)      Primer nivel: Evitar que personas sanas adquieran una enfermedad.
b)      Segundo nivel: Evitar que la enfermedad adquirida se desarrolle.
c)      Tercer nivel: Reducir el impacto que la enfermedad, ya desarrollada, tiene sobre el paciente.

¿Y qué tiene que ver esto con la violencia? La verdad no mucho hasta que en Bratingham & Frederic (1976) tuvieron la idea de aplicar este modelo a la prevención del crimen. El modelo se adapta fácilmente a cualquier época. Si a esto le sumamos los avances alcanzados por la Psicología Social, Comunitaria y Forense el potencial de esta propuesta se hace evidente.

Primer Nivel: Individuos en riesgo de convertirse en criminales.

La conducta criminal se ha relacionado con síntomas de trauma (Bruce, 2005), Intimidación o Bullying (agresores) (Olweus, 1998 & Eron, 1994; citados por Calvo, 2007), desordenes de conducta (Pullman, 2010), abuso de de sustancias (Belenko & Peugh, 1998) e incluso condenas del padre (Van de Rakt, Dirk De Graaf & Nieuwbeerta, 2010). En este nivel las áreas más importantes de intervención serian el sistema educativo y la comunidad (Por ejemplo: Realizar talleres sobre Bullying en los colegios u ofrecer ambientes deportivos en el barrio).

Segundo Nivel: Rehabilitación de individuos en sus primeros actos criminales.

Los individuos arrestados y condenados por primera vez tienen mayores probabilidades de volver a cometer un crimen que los criminales experimentados (Dejong, 1997). Esto quiere decir que, para los primeros infractores, la cárcel tiene un efecto agravante. De ahí la importancia de intervenir en este nivel. Existen diversos tipos de programas correccionales así como investigaciones sobre su efectividad. Por ejemplo Latimer (2001) encontró que las intervenciones a jóvenes criminales que incluyen la participación de familiares tienden a reducir significativamente la tasa de reincidencia.

Tercer Nivel: Reducción de la reincidencia en criminales experimentados.

Reducir efectivamente la reincidencia implica conocer a los convictos y crear medios de disuasión adecuados. Pocos criminales ven su conducta como violenta, descontrolada o incluso anormal (Polascheck, Calvert & Gannon, 2009). Por otro lado en 1997 Dejong encontró que los medios de penalización convencionales son menos efectivos sobre quienes tienen pocos vínculos con la sociedad (aunque responden mejor a condenas más largas). También descubrió que, en el caso de los criminales experimentados, mientras más larga sea la condena más tiempo se demorarán en volver a delinquir (Dejong, 1997).

Conclusiones:

Los tres niveles de prevención parecen una herramienta efectiva contra el crimen, pero deben tomarse en cuenta algunas recomendaciones. En primer lugar las investigaciones presentadas fueron hechas en los Estados Unidos. Por ningún motivo se debe creer que sus conclusiones son universalmente aplicables. De ahí que cualquier país que intente reducir sus índices de criminalidad debe primero diseñar investigaciones adaptadas a su realidad. En segundo lugar se debe recordar que distintos tipos de criminales pueden responder de manera muy variada a un mismo programa de rehabilitación. Así, las medidas útiles para reinsertar a los criminales sexuales pueden no ser efectivas en el caso de asaltantes (y viceversa). Finalmente, ninguna investigación nos va a dar una imagen completa del problema y ninguna medida es garantía de resultados. Todo intento por reducir la criminalidad debe entonces ser constantemente evaluado y perfeccionado.

Tal vez el crimen siempre forme parte de nuestra sociedad, pero la prevención nos pueden ayudar a reducirlo a su mínima expresión. Este puede ser un proyecto inusualmente complejo pero, si se procede de manera planificada y sistemática, no hay razones para pensar que es inalcanzable.

Bibliografía:

Belenko, Steven. & Peugh, Jordon. (1998).  Fighting Crime by Treating Substance Abuse. Issues in Science and Technology. 15, 1. Research Library Core. Pg. 53.

Brantingham, Paul J. & Frederic, Faust L. (1976). A Conceptual Model of Crime Prevention. En: Crime Delinquency. Julio 1976. Vol. 22. Número 3. Pg. 284-296.

Bruce, Elizabet J.  (2005). Relationships between ethnic identity, trauma symptoms and juvenile delinquency.

Calvo, Angel R. (2007). Acoso Escolar: Procedimientos de Intervención. Madrid. EOS.

Dejong, Christina. (1997).Survival Analysis and Specific Deterrence: Integrating Theoretical and Empirical Models of Recidivism. En: Criminology. Noviembre, 1997; 35, 4; Research Library Core. Pg. 561.

Latimer, Jeff. (2001). A meta-analytic examination of youth delinquency, family treatment and recidivism. En: Canadian Jounral of Criminology. Ottawa: Abril 2001. Vol. 43, Issue 2; pg. 237, 17pgs.

Polascheck, Devon L. L., Calvert, Susan W. & Gannon, Theresa, A. (2009). Linking Violent Thinking: Implicit Theory-Based Research with Violent Offenders. En: Journal of Interpersonal Violence. Beverly Hills: Enero, 2009. Vol. 24. Issue 1; pg. 75.

Pullmann, M.D. (2010). Predictors of Criminal Charges for Youth in Pblic Mental Health During the Transition to Adulthood. En: Journal of Child and Family Studies. New York: Agosto 2010. Vol. 19, Issue 4; pg. 483.

Van de Rakt, Marieke, Dirk De Graaf, Nan & Nieuwbeerta, Paul. (2010). When does the Apple Fall from the Tree? Static Versus Dynamic Theories Predicting Intergenerational Transmission of Convictions. En: Journal of Quantitative Criminology. New York: Setiembre 2010. Vol. 26, Issue 3; pg. 371.

Veras, R. (2009). Envejecimiento poblacional contemporáneo: demandas, desafíos e innovaciones. En: Revista Saúde Pública. Vol. 43. No. 3. Sao Paulo. Mayo/Junio del 2009.